CHADICTO
Cuento extraído del libro Clonsonante
Ese dilema mañanero de qué prender primero:
la cafetera o la PC a mí no me afecta. La tengo conectada
todo el día. La PC, claro. La cafetera también
acompaña este calentamiento de equipos, con
mucha frecuencia una taza de café humea al costado
de la pantalla. Duermo poco y chateo mucho.
Y no se trata de la oficina, porque estoy en mi propia
casa. Desde aquí trabajo.
Qué sería de mí sin la conexión full time a internet.
Esta es mi ventana máxima, la ventana al
mundo, qué otra ventana se puede necesitar si todo
lo que uno busca está allá en la pantalla.
Creo que debo descansar un momento. Estoy
aturdido, con dolor de cabeza. Llevo mucho tiempo
frente a la pantalla de la computadora. Hoy recorrí
las galerías de fotos y archivos de video de un
nuevo sitio erótico al que accedí gracias a un
password que cloné, y sí, algo hay que hacer para
matar las horas que siempre llegan solas.
Siempre estoy navegando como un tiburón al
acecho, listo para atacar con mensajes a quien entra
al chat desprevenidamente al conectarse, aún
bajo la forma invisible.
Sí, el nickname de Tiburón me hace justicia.
Pero no es el único que uso. Hay algunos en otros
idiomas entremezclados. Tengo varios user names
porque soy miembro de muchos foros, y con el
tiempo al dejar algunos de esos foros, se transforman
quizás en used names. Con tanta membresía
suelta se hace difícil saber cuál es cuál porque siempre
se va algo de identidad en la configuración de
usuario y contraseña. Toda esa diversidad de
nicknames y passwords la debo retener en mi mente,
porque anotar esos datos en agendas sería muy
peligroso.
Me levanto de la silla muy a mi pesar, porque
estaba en pleno chat con un montón de gente. Estábamos
tocando tantos temas diversos e inconexos
que me incomoda dejar la sesión ahora, aunque
figure conectado. Pero no me queda otra, o si
no mi cabeza va a estallar.
Al ir hacia la heladera para prepararme un
desayuno, veo un sobre que seguramente alguien
ha deslizado bajo la puerta de entrada. Qué raro,
hace rato que ya no me cursan invitaciones por
escrito, porque casi no salgo y todo lo hago por
mensajes, incluso los pedidos, las compras y
saludos de cumple.
En esta era digital cuando la conexión es cada
vez más veloz, banda ancha, fibra óptica, full time,
whatever… pero ya ven, todavía hay gente que tira
sobres del correo bajo la puerta.
Me acerco a recoger el sobre y veo que lleva una
curiosa estampilla donde aparece mi rostro, mi
nombre y las cifras de 1989-2014, como si ellas
enmarcasen mi vida. Pero estamos lejos del 2014
y estoy con mucha vida. Vaya broma, así que según
esto, estoy muerto. Una estampilla bien hecha,
parece venir del futuro. No puede ser una
estampilla del futuro. Debe ser falsa. Cuál es el
mensaje: ¿que me han pillado estampillado?
Hay quien todavía usa esta forma caduca de
correo, yo envío todo por email. Es más fácil,
económico, directo, todo es un plus pero por correo
electrónico no me pueden enviar cosas así para
hacer el chiste. Nada dice salvo mi nombre y las
fechas, nada más ni nada menos que mi rostro
encabeza esos datos. Al menos hubiesen puesto,
quien quiera que haya sido el remitente, algo más
que nombres y fechas para que la broma sea más
creativa. No convence, no asusta. Para colmo,
dentro del sobre nada, ni siquiera un chiste
ingenioso o una tarjeta.
La heladera semivacía no inspira nada, mejor
vuelvo al chat, pero primero buscaré datos sobre
mi nombre y esta estampilla. No puedo resistir la
tentación de saber si esta broma también está en
la red. Sí, allí está. Decía que yo era el primer internauta
mártir, la víctima inicial de haber llevado
a la práctica una vida virtual en desmérito de la
vida real, con vida en internet solamente, acarreando
disociación de personalidad y un largo bla bla.
Bueno, parece que se ingeniaron más en la red para
este caso; hasta montaron una estructura en algunos
sitios en internet para convencer. A mí no me
convence. Vaya broma pesada. Quien sea que esté
detrás de esto, se le fue la mano, qué mala onda,
está jugando con mi vida. Se me pasó el hambre y
me entró una bronca. Volveré a conectarme a los
chat rooms a ver si pillo quién armó todo esto.
En ese momento llegaba un chiste a su buzón
de correo electrónico, en internet nada es más viejo
que un chiste supuestamente nuevo cuando empieza
a repartirse en los correos, así que esta vez
uno de sus contactos eligió uno bastante viejo, una
adivinanza infantil o un trabalenguas, más bien un
trabateclas pues jamás llega la obvia respuesta a
la fácil pregunta. Es que para volverse chato sólo
basta un rato, acotó y tipeó: «Chadicto y chatito se
fueron a chatear, chadicto se ahogó ¿y quién se
quedó?».
El remitente sonrió al ver que no llegaba respuesta
y no estaba prendido el enlace con Tiburón,
se imaginó que el Tiburón quedó descolgado
como uno de esos espejos que ya no sirven en el
fondo de una sala.
En esos instantes, en las numerosas salas de
chat que siempre frecuentaba alguien conocido
bajo el apodo de Tiburón, los demás usuarios se
sorprenden de que por primera vez aparece desconectado
y sin titilar.


4 comentarios:
Muy buen relato, José! y definitivamente la lucha entre la vida real y la virtual ya forma parte de nuestro mundo... A veces yo misma me siento más virtual que real :D Saludos!
Gracias querida Mónica! Avanti con la poesía!
Hay veces que me identifico con ese personaje. Soy un poco chadicta, pero es bueno también vivir sin estar prendida a la computadora. Vivir la vida de afuera.
Me gusta que cuentes lo que se vive actualmente. Nuestra sociedad vive esto. Hasta los hechos punibles se cometen a través de internet.
Verónica, entonces estás hecha una "Chadicta" en proceso de recuperación ;)
Gracias por compartir tus reflexiones! Un abrazo
Publicar un comentario en la entrada